El misterio del féretro de Namenkhetamun.
En el estudio contemporáneo del Antiguo Egipto, las cartelas de los museos o las inscripciones jeroglíficas talladas en un contenedor funerario no siempre relatan la verdadera historia biológica del individuo que yace en su interior. Durante mi visita a las galerías egiptológicas del BMAG en el Reino Unido, pude observar de cerca esta icónica vitrina y analizar una pieza que ilustra a la perfección este fenómeno, el ataúd de Namenkhetamun.
Desde mi punto de vista como investigadora independiente, considero que este contexto funerario expone una fascinante discordancia entre lo que dice la filología clásica y lo que demuestra la ciencia moderna a través de la bioarqueología.
¿Quién se suponía que estaba en el ataúd?
A nivel puramente visual y filológico, el contenedor antropomorfo de madera polícroma expuesto en el museo es una obra de arte excepcional. Presenta un programa iconográfico detallado con fórmulas de ofrenda y deidades protectoras que nos permiten adscribir la pieza a la Dinastía XXVI (Periodo Saita, c. 664–525 a.C.).
Al traducir las inscripciones jeroglíficas que decoran la hermosa tapa pintada, los escribas del pasado dejaron un mensaje claro. El féretro fue diseñado para una mujer noble de alto estatus socioeconómico llamada Namenkhetamun. El texto explicita que era la "hija de Amunkhau" y le otorga formalmente el título de nebt per, que se traduce como "Señora de la Casa", una distinción común para las mujeres casadas que administraban el patrimonio familiar y los bienes domésticos en el Valle del Nilo.
Durante décadas, la pieza se catalogó y exhibió bajo esta identidad femenina. Sin embargo, el interior del féretro custodiaba un secreto biológico que los jeroglíficos intentaron ocultar.
El veredicto de la bioarqueología: El diagnóstico del escáner
En el año 2008, el equipo de conservación e investigación del BMAG decidió someter la pieza a un proyecto de evaluación interdisciplinar. El féretro y los restos humanos desprovistos de sus amuletos originales fueron trasladados a un centro médico para ser analizados mediante Tomografía Computarizada multidetector de alta resolución.
El resultado de la reconstrucción ósea en 3D dejó estupefactos a los investigadores. Los marcadores anatómicos no mentían:
La pelvis y el cráneo: La morfología ósea y las mediciones métricas de la estructura pélvica refutaron por completo la filiación femenina de la inscripción. El sujeto anatómico era, indiscutiblemente, un individuo masculino de edad madura.
Espondiloartrosis crónica: Las imágenes paleopatológicas revelaron severos cambios osteofíticos en la región lumbar. Este hombre sufrió de una artritis avanzada en la espalda baja que debió causarle intensos dolores y dificultades de movilidad en sus últimos años de vida.
Patología dental: El escáner detectó un desgaste oclusión-dental extremo acompañado de focos de infección periapical (abscesos graves). Esta condición era una constante en la población egipcia debido a la ingesta crónica de partículas de sílice (arena del desierto) que se colaban de forma inevitable en las muelas de piedra utilizadas para moler el grano con el que fabricaban el pan cotidiano.
La ciencia moderna demostró de forma contundente que un hombre anónimo había tomado el lugar de la noble Namenkhetamun.
¿Cómo ocurrió el intercambio?
Desde mi perspectiva en la investigación de estos temas, una de las preguntas más fascinantes es determinar el origen de esta intrusión o disociación cuerpo-contenedor. En la historia de la egiptología, este fenómeno responde principalmente a dos vectores históricos muy bien documentados:
Hipótesis A: Reciclaje y usurpación en la antigüedad
Durante periodos de inestabilidad económica o escasez de recursos en la Baja Época y el Periodo Tardío, la madera noble (frecuentemente importada, como el cedro del Líbano) se convirtió en un artículo de extremo lujo. Esto propició la existencia de un mercado secundario de objetos funerarios. Los ataúdes caros de tumbas más antiguas o desatendidas eran usurpados, lijados o simplemente reutilizados por familias que no podían costear un féretro nuevo para sus difuntos masculinos.
Hipótesis B: Las manipulaciones comerciales del siglo XIX
Durante el auge del coleccionismo europeo y el turismo arqueológico de los siglos XVIII y XIX, el mercado ilícito de antigüedades operaba sin ningún tipo de regulación científica. Los marchantes y anticuarios locales en Egipto a menudo descubrían momias sueltas o dañadas y, para incrementar drásticamente su valor ante los compradores y museos extranjeros, las colocaban dentro de cualquier sarcófago pintado que estuviera disponible para vender el "conjunto completo".
Conclusión
Mi visita a esta icónica momia en el museo de Birmingham nos recuerda que la divulgación histórica y la egiptología contemporánea no pueden depender exclusivamente de los textos escritos. La filología nos entrega las aspiraciones e identidades ideales que los egipcios querían proyectar hacia la eternidad, pero es la bioarqueología y la ciencia diagnóstica la que tiene la última palabra sobre la realidad material y biológica de quienes habitaron el Mundo Antiguo.
Maryam Cultura Investigación y Divulgación independiente Proyecto: Oriente Medio y Norte de África
Fuente: Birmingham Museum & Art Gallery/Maryam Cultura.
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